Despertar un día y saber que no estás es como un sueño eterno que no me deja seguir respirando, donde se para el tiempo, donde cada momento vivido es una lágrima que derramaré en aquellos momentos de melancolía.
A veces un abrazo es todo lo que necesitas para sentirte mejor.
Resulta que alguien me enseñó lo que era una amistad y el valor que aquello tenía. Me enseñó lo que hacían las verdaderas amigas: pasear juntas, escucharse, salir de fiesta, soportarse, tener noches de melancolía con películas tristes y después levantarse el ánimo mutuamente.
Llegué incluso a comprender a otra persona solo mirarla a los ojos. Sus estados de ánimo ya no eran para mi un descubrimiento porque ella me enseñó a leer con el corazón.
Y es que cuando encuentras una Best Friends es muy difícil dejarla escapar porque quizás ya no vuelva a encajar con nadie de la misma manera (y sé que ella me entiende). Pero hay algo que me preocupa y ambas nos hemos dado cuenta, pero no sé muy bien del todo que es lo que ocurre. Parece que estamos construyendo una barrera enorme entre nosotras que divide nuestros caminos. Cada día estamos más lejos la una de la otra y ya ni siquiera veo sus ojos, ni siquiera veo su sonrisa. Ya nada es lo mismo. Solo quiero que sepa que no hace falta escribir un diario compartido ni verse a menudo para saber donde está una amiga de verdad que siempre te espera con los brazos abiertos de par en par. No permitamos que un mal día nos haga sentir que tenemos una mala vida. Porque tu... TU fuiste la que me enseñó la palabra AMISTAD.
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